martes, 23 de julio de 2013

Salmo 77. Tú eres el Dios que hace maravillas, tú demuestras tu fuerza entre los pueblos.















En voz alta clamo a Dios, en voz alta para que me escuche.
Busqué al Señor, en el momento de la prueba, de noche sin descanso, hacia él tendí mi mano y mi alma se negó a ser consolada.
No me acuerdo de Dios sin que no gima, si medito, una duda acosa mi espíritu.
No me permite dormir, me perturbo y me faltan las palabras.
Es que pienso en los días de otrora, en los tiempos antiguos...
Y me acuerdo, y por la noche mi corazón se atormenta, medito y mi espíritu se interroga:
¿Nos rechazará Dios para siempre y no reabrirá el tiempo de sus favores?
¿Ha clausurado su gracia para siempre, y encerrado su palabra para el futuro?
¿Se ha olvidado Dios de su compasión o la cólera ha cerrado sus entrañas?
Y me dije: "Lo que me traspasa es que ha cambiado la diestra del Altísimo".
Recuerdo las hazañas del Señor, recuerdo tus milagros de otros tiempos,.
En tus obras medito, una a una, y pienso en tus hazañas.
¡Oh Dios, en tus obras todo es santo! ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?
Tú eres el Dios que hace maravillas, tú demuestras tu fuerza entre los pueblos.
Por tu brazo, a tu pueblo rescataste, a los hijos de Jacob y de José.
Oh Dios, las aguas te vieron, te vieron y se estremecieron, y hasta sus honduras enmudecieron.
Las nubes descargaron aguaceros, las nubes hicieron oír su voz, mientras tus flechas se arremolinaban.
Se oía de tu trueno el retumbar, tus relámpagos el mundo iluminaban, la tierra se asombraba y estremecía.

Tu camino cruzaba por el mar, por aguas profundas corrían tus senderos, y nadie supo dar cuenta de tus huellas.
Tú guiabas a tu pueblo, a tu rebaño, por la mano de Moisés y de Aarón.

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