miércoles, 7 de agosto de 2013

Salmo 94. Oh Señor, Dios justiciero, manifiéstate, Dios justiciero.


















Levántate, juez de la tierra, dales su merecido a los soberbios.
¿Hasta cuándo, Señor, los criminales, hasta cuándo van a triunfar los criminales?
Estos delincuentes son unos arrogantes, unos insolentes y unos fanfarrones; aplastan, Señor, a tu pueblo y oprimen a tu heredad;
degüellan a la viuda y al inmigrante y asesinan a los huérfanos.
Y dicen: "El Señor no ve nada, el Dios de Jacob no se da cuenta".
Gente estúpida entre todos, enteraos; insensatos, ¿cuándo vais a ser cuerdos?
El que plantó la oreja, ¿no va a oír?; el que formó los ojos, ¿no va a ver?; el que acusa a los pueblos, ¿no va a castigar?; el que enseña al hombre, ¿no va a saber?
El Señor conoce los planes de los hombres, que son vanidad pura.
Dichoso el hombre al que tú corriges, Señor, al que instruyes en tu ley, para que esté tranquilo en los días de infortunio mientras se cava una fosa para los criminales.
Pues el Señor no dejará a su pueblo ni abandonará a su heredad;
en los juicios se hará justicia y todos los corazones rectos estarán conformes.
¿Quién defenderá mi causa contra los criminales, quién estará de mi parte contra los delincuentes?
Si el Señor no me hubiera ayudado, el silencio sería bien pronto mi morada.
Cuando yo decía: "Me voy a caer", tu amor, Señor, venía a sostenerme; cuando me embargan mil preocupaciones, tú me llenas de serenidad y de consuelo.
¿Podrá ser tu cómplice un tribunal injusto que comete injusticias al amparo de la ley?
Ellos se ensañan en la vida del justo y condenan a muerte al inocente;
pero el Señor es para mí la fortaleza, mi Dios es la roca donde yo me refugio.
Él hará recaer su crimen sobre ellos, los aniquilará por su propia crueldad, los aniquilará el Señor, nuestro Dios.



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