sábado, 8 de febrero de 2014

San Mateo 5,13-16. Ustedes son la sal de la tierra!






















Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal deja de ser sal, ¿cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente.
Ustedes son la luz del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte?
Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa.

Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos.



viernes, 7 de febrero de 2014

I Reyes 3, 4-13. Salomón, No has pedido para ti una larga vida, ni has pedido riquezas, ni la muerte para tus enemigos, sino que has pedido inteligencia para gobernar con rectitud!




 











El rey fue a Gabaón para ofrecer allí sacrificios, pues ése era entonces el más importante santuario de las lomas. Sobre ese altar Salomón ofreció muchos sacrificios: unos mil holocaustos.
Y en Gabaón se le apareció Yavé en sueños durante la noche, y le dijo: «Pídeme lo que quieras.»
Salomón respondió: «Tú has tenido gran amor a David, mi padre, ya que él te servía fielmente, como es debido y con sinceridad. También le has hecho un favor muy grande permitiendo que un hijo suyo le sucediera en el trono.
Ahora bien, Yavé, mi Dios, me ha hecho rey en lugar de David, pero no sé todavía conducirme; soy muy joven para estar al frente del pueblo que has elegido, pueblo tan numeroso que no se puede contar.
Dame, pues, a mí, tu servidor, un espíritu atento, para gobernar bien a tu pueblo y para decidir entre lo bueno y lo malo, porque si no, ¿cómo podría gobernar este pueblo tan grande?»
A Yavé le gustó que Salomón le pidiese una cosa así.
Y le dijo: «No has pedido para ti una larga vida, ni has pedido riquezas, ni la muerte para tus enemigos, sino que has pedido inteligencia para gobernar con rectitud.

Por eso te concedo lo que pides; te doy sabiduría e inteligencia como nadie la tuvo antes de ti ni la tendrá después.
Además te doy lo que no has pedido, riquezas y gloria tales que mientras vivas no habrá rey alguno como tú.


Salmos 118. ¡su bondad es para siempre!





















Den gracias al Señor, pues él es bueno, pues su bondad perdura para siempre.

Que lo diga Israel: ¡su bondad es para siempre!

Que lo diga la casa de Aarón: ¡su bondad es para siempre!

Que lo digan los que temen al Señor: ¡su bondad es para siempre!

Al Señor, en mi angustia, le clamé, y me respondió sacándome de apuros.

Si el Señor está conmigo, no temo, ¿qué podrá hacerme el hombre?

Cuento al Señor entre los que me ayudan, y veré a mis enemigos a mis pies.

Más vale refugiarse en el Señor que confiar en los poderosos.

Todos los paganos me rodeaban, pero en el nombre del Señor los humillé.

Me rodeaban, me tenían cercado, pero en el nombre del Señor los humillé.

Me rodeaban como avispas, cayeron como zarza que se quema, pues en nombre del Señor los humillé.

Me empujaron con fuerza para botarme, pero acudió el Señor a socorrerme.

El Señor es mi fuerza, el motivo de mi canto, ha sido para mí la salvación.

Clamores de alegría y de triunfo resuenan en las tiendas de los justos: "¡La diestra del Señor hizo proezas, la diestra del Señor lo ha enaltecido, la diestra del Señor hizo proezas!"

No, no moriré sino que viviré y contaré las obras del Señor.

El Señor me corrigió mucho, pero no me entregó a la muerte.

"¡Abran me las puertas de justicia para entrar a dar gracias al Señor!"

"Esta es la puerta que lleva al Señor, por ella entran los justos".

¡Te agradezco que me hayas escuchado, tú has sido para mí la salvación!

La piedra rechazada por los maestros pasó a ser la piedra principal; ésta fue la obra del Señor, no podían creerlo nuestros ojos.
 ¡Este es el día que ha hecho el Señor, gocemos y alegrémonos en él!

¡Danos, oh Señor, la salvación, danos, oh Señor, la victoria!

"¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! desde la casa del Señor los bendecimos:

El Señor es Dios, él nos ilumina". Formen la procesión con ramos en la mano hasta los cuernos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias; ¡Dios mío, te digo que eres grande!

Den gracias al Señor, pues él es bueno, pues su bondad perdura para siempre.

San Marcos 6, 30-34. Estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles largamente!












Al volver los apóstoles a donde estaba Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Jesús les dijo: «Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer.
Y se fueron solos en una barca a un lugar despoblado.
Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en la cuenta; y se dirigieron allá a pie. De todos los pueblos la gente se fue corriendo y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio toda aquella gente, y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles largamente.



jueves, 6 de febrero de 2014

Marcos 6, 14-29. Lo odiaba y quería matarlo, pero no podía, pues Herodes veía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto!












El rey Herodes oyó hablar de Jesús, ya que su nombre se había hecho famoso. Algunos decían: «Este es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él poderes milagrosos.»
Otros decían: «Es Elías», y otros: «Es un profeta como los antiguos profetas».
Herodes, por su parte, pensaba: «Debe de ser Juan, al que le hice cortar la cabeza, que ha resucitado.»
En efecto, Herodes había mandado tomar preso a Juan y lo había encadenado en la cárcel por el asunto de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado.
Pues Juan le decía: «No te está permitido tener a la mujer de tu hermano.»
Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía, pues Herodes veía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto. Por eso lo protegía, y lo escuchaba con gusto, aunque quedaba muy perplejo al oírlo.
Herodías tuvo su oportunidad cuando Herodes, el día de su cumpleaños, dio un banquete a sus nobles, a sus oficiales y a los personajes principales de Galilea.
En esa ocasión entró la hija de Herodías, bailó y gustó mucho a Herodes y a sus invitados. Entonces el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»
Y le prometió con juramento: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»
Salió ella a consultar a su madre: «¿Qué pido?» La madre le respondió: «La cabeza de Juan el Bautista.»
Inmediatamente corrió a donde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja.»
El rey se sintió muy molesto, pero no quiso negárselo, porque se había comprometido con juramento delante de los invitados.
Ordenó, pues, a un verdugo que le trajera la cabeza de Juan. Este fue a la cárcel y le cortó la cabeza.
Luego, trayéndola en una bandeja, se la entregó a la muchacha y ésta se la pasó a su madre.
Cuando la noticia llegó a los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cuerpo y lo enterraron.






martes, 4 de febrero de 2014

Salmos 31. ¡Tú que eres justo, pon me a salvo!














A ti, Señor, me acojo, no quede yo nunca defraudado: ¡tú que eres justo, pon me a salvo!
Inclina tu oído hacia mí, date prisa en librarme. Sé para mí una roca de refugio, el recinto amurallado que me salve.
Porque tú eres mi roca y mi fortaleza; por tu nombre me guías y diriges.
Sácame de la red que me han tendido, porque eres tú mi refugio.
En tus manos encomiendo mi espíritu, y tú, Señor, Dios fiel, me librarás.
Aborreces a los que adoran ídolos vanos, pero yo confío en el Señor.
Gozaré y me alegraré de tu bondad porque has mirado mi aflicción y comprendido la angustia de mi alma; no me dejaste en manos del enemigo, me has hecho caminar a campo abierto.
Ten piedad de mí, Señor, pues estoy angustiado; mis ojos languidecen de tristeza.
Mi vida se consume en la aflicción y mis años entre gemidos; mi fuerza desfallece entre tanto dolor y mis huesos se deshacen.
Mi enemigo se alegra, mis vecinos se horrorizan, y se espantan de mí mis conocidos: si me ven en la calle, se alejan de mí.
Se olvidaron de mí, como de un muerto, soy como un objeto inservible.
Oigo los cuchicheos de la gente, y se asoma el terror por todas partes. Se unieron todos en mi contra, tramaron arrebatarme la vida.
Pero yo, Señor, confío en ti, yo dije: Tú eres mi Dios.
Mi porvenir está en tus manos, líbrame de los enemigos que me persiguen.
Que sobre tu servidor brille tu rostro, sálvame por tu amor.
A ti clamé, Señor, no sea confundido; confundidos sean los impíos, lánzalos a la mansión del silencio.
Enmudece los labios embusteros, que hablan insolencias contra el justo con orgullo y desprecio.
Qué bondad tan grande, Señor, es la que reservas para los que te temen. Se la brindas a los que en ti esperan, a la vista de los hijos de los hombres.
En secreto, junto a ti los escondes, lejos de las intrigas de los hombres; los mantienes ocultos en tu carpa, y los guardas de las querellas.
Bendito sea el Señor, su gracia hizo maravillas para mí: Mi corazón es como una ciudad fuerte.
Yo decía en mi desconcierto: "Me ha arrojado de su presencia". Pero tú oías la voz de mi plegaria cuando clamaba a ti.
Amen al Señor todos sus fieles, pues él guarda a los que le son leales, pero les devolverá el doble a los soberbios.

Fortalezcan su corazón, sean valientes, todos los que esperan en el Señor.



San Marcos 6, 1-6. Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia!















Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él.
Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos?
Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían.
Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.»

Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos.
Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer. Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando.



sábado, 1 de febrero de 2014

Carta a los Hebreos 2, 14-18. Jesús ha sido probado por medio del sufrimiento, por eso es capaz de ayudar a aquellos que son puestos a prueba!
















Puesto que esos hijos son de carne y sangre, Jesús también experimentó esta misma condición y, al morir, le quitó su poder al que reinaba por medio de la muerte, es decir, al diablo.
De este modo liberó a los hombres que, por miedo a la muerte, permanecían esclavos en todos los aspectos de su vida.
Jesús no vino para hacerse cargo de los ángeles, sino de la raza de Abrahán.
Por eso tuvo que hacerse semejante en todo a sus hermanos, y llegó a ser el sumo sacerdote lleno de comprensión, pero también fiel en el servicio de Dios, que les consigue el perdón,.
El mismo ha sido probado por medio del sufrimiento, por eso es capaz de ayudar a aquellos que son puestos a prueba.



viernes, 31 de enero de 2014

II Samuel 12, 1-17. ¿Por qué entonces me has despreciado, haciendo lo que no me gusta?








Yavé envió al profeta Natán donde David. Natán entró donde el rey y le dijo: «En una ciudad había dos hombres; uno era rico y el otro, pobre.
El rico tenía muchas ovejas y bueyes; el pobre tenía sólo una ovejita que había comprado. La había criado personalmente y la ovejita había crecido junto a él y a sus hijos. Comía de su pan, bebía de su misma copa y dormía en su seno. El la amaba como a una hija.
Un día, el hombre rico recibió una visita y, no queriendo matar a ninguno de sus animales para atender al recién llegado, robó la oveja del pobre y se la preparó.»
Al oírlo, David se enojó muchísimo con el hombre rico y dijo a Natán: «¡Vive Yavé! El que hizo tal cosa merece la muerte;
pagará cuatro veces el precio de la ovejita, por haber actuado así sin ninguna compasión.»
Natán le respondió: «Tú eres ese hombre. Esto te dice Yavé, Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de la mano de Saúl.
Te entregué la familia de tu señor y puse a tu disposición sus mujeres; te di poder sobre Judá e Israel; y por si fuera poco, te daría más todavía.
¿Por qué entonces me has despreciado, haciendo lo que no me gusta? Tú no sólo fuiste el causante de la muerte de Urías, el heteo, sino que, además, le quitaste su esposa. Sí, tú lo has asesinado por la espada de los amonitas.
Pues bien, ya que me has despreciado y te has apoderado de la esposa de Urías, jamás se apartará la espada de tu casa.
Así habla Yavé: «Haré que tu desgracia parta de tu misma casa. Tomaré tus esposas en tu presencia y se las daré a otro, que se acostará con ellas en pleno día.
Tú hiciste esto sin que nadie lo supiera, pero yo cumpliré esto que digo a la vista de todo Israel y a plena luz del día.»
David dijo a Natán: «Pequé contra Yavé.» Natán le respondió: «Yavé por su parte perdona tu pecado y no morirás.
Pero como ofendiste a Yavé en este asunto, el hijo que te nació morirá.»Dicho esto, Natán se marchó a su casa.
Yavé hizo que enfermara gravemente el niño que la mujer de Urías había dado a luz, y estuvo muy mal.
David rogó a Dios por el niño, ayunó rigurosamente y, cuando volvía a su casa, se acostaba en el suelo.
Los ancianos de su corte iban a rogarle que se levantara de ahí, pero él no les hacía caso y se negaba a comer con ellos.



Marcos 4,35-41. ¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?

 





Al atardecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla del lago.»
Despidieron a la gente y lo llevaron en la barca en que estaba. También lo acompañaban otras barcas.
De pronto se levantó un gran temporal y las olas se estrellaban contra la barca, que se iba llenando de agua.
Mientras tanto Jesús dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron diciendo: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
El entonces se despertó. Se encaró con el viento y dijo al mar: «Cállate, cálmate.» El viento se apaciguó y siguió una gran calma.
Después les dijo: «¿Por qué son tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?»
Pero ellos estaban muy asustados por lo ocurrido y se preguntaban unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»



jueves, 30 de enero de 2014

San Marcos 4, 26-34. ¿A qué se parece el Reino de Dios?
















Jesús dijo además: «Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra, y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo.
La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos.
Y cuando el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.»
Jesús les dijo también: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué comparación lo podríamos expresar?
Es semejante a una semilla de mostaza; al sembrarla, es la más pequeña de todas las semillas que se echan en la tierra, pero una vez sembrada, crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto y sus ramas se hacen tan grandes, que los pájaros del cielo buscan refugio bajo su sombra.»
Jesús usaba muchas parábolas como éstas para anunciar la Palabra, adaptándose a la capacidad de la gente.

No les decía nada sin usar parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.



miércoles, 29 de enero de 2014

II Samuel 7, 18-29. ¿Quién soy yo, Señor Yavé, y qué es mi fami lia para que me hayas elevado tanto?
















Entonces vino el rey David y se instaló en presencia de Yavé y le dijo: «¿Quién soy yo, Señor Yavé, y qué es mi fami lia para que me hayas elevado tanto?
Pero esto te parecía todavía demasiado poco, Señor Yavé, y tú extiendes también tus promesas a mis descendientes para un futuro lejano. ¿Es así como actúan los hombres, Señor Yavé?
¿Qué más podría decirte David? Tú sabes bien quién es tu servidor, oh Señor Yavé, y por el mucho amor que le tienes has hecho estas cosas asombrosas que ahora le das a conocer. ¡Qué grande eres, Señor Yavé!
No hay nadie como tú ni hay Dios fuera de ti, como lo hemos aprendido con nuestros propios oídos.
¿Existe sobre la tierra un pueblo que sea como tu pueblo Israel, al cual viniste a rescatar para que fuera tu pueblo, y hacerlo famoso, realizando en su favor grandes y terribles cosas, y expulsando delante de él a naciones y dioses?
Tú has puesto y afirmado a tu pueblo Israel, para que sea siempre tu pueblo, y tú, Yavé, has llegado a ser su Dios.
Ahora, Señor Yavé, guarda siempre la promesa que has hecho a tu siervo y a su familia y actúa como tú lo has dicho.
Que tu nombre sea glorificado por siempre, y que todos di gan: «Yavé Sebaot es Dios en Israel.» La familia de tu servidor David estará firme ante ti,
pues tú, Yavé de los ejércitos, Dios de Israel, le ase guraste a tu servidor que no desaparecería su familia. Por eso, tu servidor se ha atrevido a di rigirte esta plegaria.

Sí, Señor Yavé, tú eres Dios y eres sincero al hacer esta hermosa promesa a tu servidor.
Ahora dígnate bendecir la familia de tu sier vo; que tu bendición acompañe siempre a mi fa milia, como tú, Señor Yavé, lo has dicho.»



Salmo 131. Cuenta con el Señor, desde ahora y para siempre!












Señor, mi corazón no es engreído ni mis ojos altaneros: no he tomado un camino de grandezas ni de prodigios que me superaran.
Al contrario, tranquila y en silencio he mantenido mi alma como un niño saciado que se aprieta a su madre; mi alma en mí nada reclama.

¡Que Israel cuente con el Señor, desde ahora y para siempre!