martes, 10 de diciembre de 2013

Salmo 102. Señor, escucha mi plegaria, que mis gritos lleguen hasta ti!











Señor, escucha mi plegaria, que mis gritos lleguen hasta ti.
No me escondas tu cara en el día de mi desgracia, vuelve tus oídos hacia mí el día que te invoco, apresúrate en responderme.
Pues mis días se esfuman, mis huesos se consumen como brasas;
como hierba segada, mi corazón se seca y hasta me olvido de comer mi pan;
con lo fuerte de mis sollozos, a través de la piel se ven mis huesos.
Me parezco al pelícano del desierto, soy como la lechuza de las ruinas.
Paso en vela gimiendo como un pájaro solo en un tejado.
Todo el día me insultan mis enemigos, los que me adulan maldicen de mí.
El pan que como es la ceniza, mezclo mi bebida con mis lágrimas;
debido a tu cólera y a tu furor pues me arrancaste y me tiraste al suelo.
Mis días son como la sombra que declina, y yo me voy secando como el pasto.
Mas tú, Señor, reinas para siempre, y te invocan por todas las edades.
Tú te levantarás, enternecido por Sión, pues ya es tiempo que de ellas te apiades, ya ha llegado la hora;
tus siervos se encariñan con sus piedras y sienten pena al ver sus escombros.
Entonces los pueblos respetarán tu nombre, y todos los reyes de la tierra, tu gloria;
cuando el Señor reconstruya a Sión y se manifieste en su gloria,
cuando atienda la oración del despojado y no se haga sordo a su plegaria.
Escríbanlo para la nueva generación: un pueblo recreado alabará al Señor.
Pues se inclinó de lo alto de su santuario, desde los cielos miró el Señor a la tierra
para escuchar el gemido del cautivo y liberar a los condenados a muerte,
para que resuene en Sión el nombre del Señor y su alabanza, en Jerusalén.
Se reunirán entonces los pueblos y los reinos para adorar al Señor.
Agotó mi fuerza en el camino, y ha abreviado mis días,
pero yo digo: Dios mío, no me arranques a mitad de mis días, siendo que tus años corren de edad en edad.
Hace tiempo que fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos;
ellos perecerán, pero tú permaneces, todos se gastan como la ropa, los cambias como un vestido, y se mudan,
pero tú eres el mismo, tus años no se acaban.
Los hijos de tus siervos vivirán en ella y su raza siempre te servirá.


Mateo 11, 28-30. Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré!














Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.
Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso.

Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.»


domingo, 8 de diciembre de 2013

Lucas 1, 26-38. llena de gracia, el Señor está contigo!













Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María.
Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo.
Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios.
Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús.
Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David;
gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás.»
María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?»
Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios.

También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo.
Para Dios, nada es imposible.»
Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho.» Después la dejó el ángel.



sábado, 7 de diciembre de 2013

Salmo 71. Dios, tú eres mi roca, mi fortaleza!

En ti, Señor, confío, que no me decepcione.
En tu justicia tú querrás defenderme, inclina a mí tu oído y sálvame.
Sé para mí una roca de refugio, una ciudad fortificada en que me salve, pues tú eres mi roca, mi fortaleza.
Líbrame, oh Dios, de la mano del impío, de las garras del malvado y del violento,
pues tú eres, Señor, mi esperanza, y en ti he confiado desde mi juventud.
En ti me apoyé desde mis primeros pasos, tú me atrajiste desde el seno de mi madre, y para ti va siempre mi alabanza.
Pero ahora para muchos soy un escándalo, y sólo me quedas tú, mi amparo seguro.
Llena de tu alabanza está mi boca, de tu esplendor, el día entero.
No me despidas ahora que soy viejo, no te alejes cuando mis fuerzas me abandonan.
Pues mis enemigos hablan contra mí y los que esperan mi muerte hacen sus planes.
Dicen: "Dios lo ha abandonado; persíganlo y agárrenlo, nadie lo ayudará".
Oh Dios, no te alejes de mí, Dios mío, ven pronto a socorrerme.
Que queden humillados, cubiertos de vergüenza, los que me ponen asechanzas. Que el insulto y la infamia los envuelvan a los que quieren mi desgracia.
Yo entonces, siempre en ti esperaré, y te alabaré como no se ha hecho nunca.
Mi boca contará tus obras justas y tu salvación a lo largo del día, pues son más de lo que podría decir.
Ahondaré las hazañas del Señor, recordaré tu justicia que es sólo tuya.
Oh Dios, me has enseñado desde joven, y hasta ahora anuncié tus maravillas;
si ahora estoy viejo y decrépito, oh Dios, no me abandones. A esta generación anunciaré tu poder, y a los que vengan después, tu valentía
y tu justicia, oh Dios, que llega al cielo. Pues, ¿quién como tú, oh Dios, que has hecho grandes cosas?
Tú que me hiciste pasar tantas penas y miserias, volverás para hacerme revivir, y me harás subir de nuevo del abismo.
Volverás a ponerme de pie y tendré de nuevo tu consuelo.
Entonces te daré gracias al son del arpa por tu fidelidad, oh Dios. Con la cítara te entonaré salmos, oh Santo de Israel.

Te aclamarán mis labios y mi alma que tú redimiste.
Tarareará mi lengua todo el día: "Es cierto que él es justo, pues están confundidos y humillados los que querían mi desgracia".



Mateo 3, 1-12. El los bautizará en el Espíritu Santo y el fuego!













Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó a predicar en el desierto de Judea;
éste era su mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca.»
Es a Juan a quien se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto: Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos.
Además de la piel que llevaba colgada de la cintura, Juan no tenía más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre.
Venían a verlo de Jerusalén, de toda la Judea y de la región del Jordán.
Y junto con confesar sus pecados, se hacían bautizar por Juan en el río Jordán.
Juan vio que un grupo de fariseos y de saduceos habían venido donde él bautizaba, y les dijo: «Raza de víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se les viene encima?
Muestren los frutos de una sincera conversión, pues de nada les sirve decir: "Abrahán es nuestro padre".
Yo les aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán aún de estas piedras.

El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego.
Yo los bautizo en el agua, y es el camino a la conversión. Pero después de mí viene uno con mucho más poder que yo, - yo ni siquiera merezco llevarle las sandalias - él los bautizará en el Espíritu Santo y el fuego.
Ya tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en sus bodegas, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se apaga.»



viernes, 6 de diciembre de 2013

Salmo 146. Dichoso aquel que al Dios de Jacob tiene de ayuda y pone su esperanza en el Señor, su Dios!











¡Aleluya! ¡Alaba al Señor, alma mía!
Mientras viva yo quiero alabar al Señor, quiero salmodiar para el Señor mientras exista.
No pongas tu confianza en los que mandan, ni en el mortal, que no puede salvarte;
no bien se le va el alma, vuelve al polvo, y ese día se acaban sus proyectos.
Dichoso aquel que al Dios de Jacob tiene de ayuda y pone su esperanza en el Señor, su Dios,
en el que hizo los cielos y la tierra, el mar y todo cuanto ellos encierran. El su lealtad conserva siempre, 
y su justicia da a los oprimidos, proporciona su pan a los hambrientos. El Señor deja libres a los presos.
el Señor da la vista a los ciegos, el Señor endereza a los encorvados, el Señor ama a los justos;
da el Señor protección al forastero, y reanima al huérfano y a la viuda, mas desvía el camino de los malvados.
El Señor reina para siempre, tu Dios, Sión, de generación en generación. ¡Aleluya!


Isaías 30,19-26. La luna alumbrará como el sol y la luz del sol será siete veces más fuerte el día en que Yavé vende la herida de su pueblo y le haga una curación a las magulladuras de sus golpes!










Sí, pueblo de Sión, que vives en Jerusalén, ya no llorarás más. El se compadecerá de ti al sentir tus lamentos, lo llamarás y te atenderá.
Después que el Señor les haya dado el pan del sufrimiento y el agua de la aflicción, él, que es su educador, ya no se ocultará más y ustedes verán al que les educa.
Cuando tengan que tomar el camino ya sea a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán sus palabras resonar detrás de ti: «Este es el camino que deben seguir».
Encontrarás que son impuros la cubierta de plata de tus ídolos y el revestimiento de oro de tus estatuas. Los tirarás como unas inmundicias y les dirás: «Váyanse de aquí.»
El Señor te dará la lluvia para las semillas que hayas sembrado en el campo, y el pan que te producirá la tierra será sustancioso y nutritivo. Tu ganado pastará entonces en grandes potreros.

Los bueyes y los burros que trabajan en el campo, comerán buen pasto aventado a pala y horqueta.
Sobre cualquier cerro alto y sobre cualquier colina elevada habrá arroyuelos y vertientes cuando llegue el día de la gran matanza y se vengan abajo los castillos.
Entonces la luna alumbrará como el sol y la luz del sol será siete veces más fuerte el día en que Yavé vende la herida de su pueblo y le haga una curación a las magulladuras de sus golpes.



viernes, 29 de noviembre de 2013

QUE LINDO ES CANTARLE AL SEÑOR - QUE LINDO ES ALABARTE MI DIOS

alabemos al señor

07 ALABEMOS AL SEÑOR

Romanos 10, 9-18. La Escritura ya lo dijo: El que cree en él no quedará defraudado!

 













Porque te salvarás si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos.
La fe del corazón te procura la verdadera rectitud, y tu boca, que lo proclama, te consigue la salvación.
La Escritura ya lo dijo: El que cree en él no quedará defraudado.
Así que no hay diferencia entre judío y griego; todos tienen el mismo Señor, que es muy generoso con todo el que lo invoca;
porque todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará.
Pero ¿cómo invocarán al Señor sin haber creído en él? Y ¿cómo podrán creer si no han oído hablar de él? Y ¿cómo oirán si no hay quien lo proclame?
Y ¿cómo lo proclamarán si no son enviados? Como dice la Escritura: Qué bueno es ver los pasos de los que traen buenas noticias.
Pero es un hecho que no todos aceptaron la Buena Noticia, como decía Isaías: Señor, ¿quién nos ha escuchado y ha creído?
Así, pues, la fe nace de una proclamación, y lo que se proclama es el mensaje cristiano.
Me pregunto: ¿Será porque no oyeron? ¡Claro que oyeron! Esta voz resonó en toda la tierra, y sus palabras se oyeron hasta en el último rincón del mundo.



Mateo 4, 12-25. Jesús te llama!




Cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea.
No se quedó en Nazaret, sino que fue a vivir a Cafarnaún, a orillas del lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí.
Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías:
Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, en el camino hacia el mar, a la otra orilla del Jordán, Galilea, tierra de paganos, escuchen:
La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande; una luz ha brillado para los que viven en lugares de sombras de muerte.
Desde entonces Jesús empezó a proclamar este mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está ahora cerca.»
Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar.
Jesús los llamó: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.»
Al instante dejaron las redes y lo siguieron.
Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan; estaban con su padre en la barca arreglando las redes. Jesús los llamó,
y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús empezó a recorrer toda la Galilea; enseñaba en las sinagogas de los judíos, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba en el pueblo todas las dolencias y enfermedades.
Su fama se extendió por toda Siria. La gente le traía todos sus enfermos y cuantos estaban aquejados por algún mal: endemoniados, lunáticos y paralíticos, y él los sanaba a todos.
Empezaron a seguir a Jesús muchedumbres: gente de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.



jueves, 28 de noviembre de 2013

Daniel 7, 2-14. Su poder es poder eterno y que nunca pasará; y su reino jamás será destruido!











Daniel tomó la palabra y dijo: «Contemplaba yo en mi visión lo siguiente: los cuatro vientos del cielo agitaron el mar grande, y cuatro animales enormes, todos diferentes entre sí, salieron del mar
El primero era como un león con alas de águila. Mientras yo lo miraba, le arrancaron las alas, fue levantado de la tierra, se enderezó sobre las patas como un hombre, y se le dio un corazón de hombre.
El segundo era una bestia semejante a un oso; iba levantada de un lado y tenía tres costillas entre los dientes. Se le decía: «Anda y devora mucha carne.»
Yo seguí mirando y vi otra bestia como un leopardo con cuatro alas en el lomo; tenía cuatro cabezas y se le dio el poder
Seguí mirando en mis visiones nocturnas y vi la terrible cuarta bestia. Era espantosa y extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba y lo sobrante lo pisoteaba con las patas.
Era diferente de las bestias anteriores y tenía diez cuernos. Yo estaba observando los cuernos, cuando en esto despuntó entre ellos otro cuerno pequeño, y tres de los primeros fueron arrancados para dar cabida al nuevo. Este tenía como ojos humanos y una boca que decía palabras insolentes
Estaba observando y vi lo siguiente: Pusieron unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve; su pelo, albo como la lana blanqueada. Su trono era de llamas de fuego con ruedas de fuego ardiente.
Un río de fuego salía y corría delante de él. Miles y miles lo servían, y una muchedumbre que no se podía contar estaba de pie en su presencia Los del tribunal se sentaron y abrieron los libros.
Pero, mientras yo recordaba las palabras orgullosas del Cuerno con ojos y boca de hombre que había visto antes, este animal fue muerto a mi vista, y su cuerpo, destrozado y entregado al fuego.
A los demás animales se les quitó su poderío, aunque se les dejó una prolongación de vida por un tiempo y hasta una fecha determinada
Seguí contemplando la visión nocturna En las nubes del cielo venía uno como hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia
A él se le dio poder, honor y reino, y todos los pueblos y las naciones de todos los idiomas le sirvieron. Su poder es poder eterno y que nunca pasará; y su reino jamás será destruido