martes, 12 de enero de 2016
Salmo 40. "¡Dios es grande!"
Esperaba, esperaba al Señor, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor, me sacó de la fosa fatal del barro del pantano; puso mis pies sobre roca y aseguró mis pasos.
Puso en mi boca un cántico nuevo, de alabanza a nuestro Dios. Muchos al verlo temerán y pondrán su confianza en el Señor.
Feliz el hombre que cuenta con el Señor, que no escucha a los cínicos ni se pierde en sus mentiras.
¡Cuántas maravillas has hecho, Señor, mi Dios, cuántos proyectos en favor nuestro! Nadie se te puede comparar. Yo quisiera publicarlas y contarlas, pero son demasiado para enumerarlas.
No quisiste sacrificios ni ofrendas- lo dijiste y penetró en mis oídos- no pediste holocaustos ni víctimas.
Entonces dije: "Aquí estoy, de mi está escrito en el rollo del Libro.
He elegido, mi Dios, hacer tu voluntad, y tu Ley está en el fondo de mi ser".
Publiqué tu camino en la gran asamblea, no me callé, Señor, tú bien lo sabes.
No encerré tus decretos en el fondo de mi corazón: proclamé tu fidelidad y tu socorro. No oculté tu amor y tu verdad en la gran asamblea.
¡Tú, Señor, no me niegues tu ternura, que tu amor y tu verdad me guarden siempre!
Me rodean desgracias incontables, mis culpas recaen sobre mí y no hay salida, son más que los cabellos de mi cabeza y me falla el corazón.
Dígnate liberarme, Señor, Señor, ven pronto a socorrerme.
¡Queden avergonzados y humillados todos los que atentan contra mi vida; que retrocedan confundidos los que se alegran con mi desgracia!
Que se escondan de vergüenza los que dicen: "¡Esta vez lo pillamos!"
Pero que en ti se alegren y regocijen todos los que te buscan, y que repitan siempre: "¡Dios es grande!" los que desean tu salvación.
¡Piensa en mí, oh Dios, en mí que soy un pobre y desdichado! ¡No te demores, mi Dios, pues tú eres mi socorro y salvación!
domingo, 10 de enero de 2016
jueves, 7 de enero de 2016
lunes, 4 de enero de 2016
Salmo 72. Librará al mendigo que le clama, al pequeño, que de nadie tiene apoyo; él se apiada del débil y del pobre!
Oh Dios, comunica al rey tu juicio, y tu justicia a ese hijo de rey, para que juzgue a tu pueblo con justicia y a tus pobres en los juicios que reclaman.
Que montes y colinas traigan al pueblo la paz y la justicia.
Juzgará con justicia al bajo pueblo, salvará a los hijos de los pobres, pues al opresor aplastará.
Durará tanto tiempo como el sol, como la luna a lo largo de los siglos.
Bajará como la lluvia sobre el césped, como el chubasco que moja la tierra.
Florecerá en sus días la justicia, y una gran paz hasta el fin de las lunas.
Pues domina del uno al otro Mar, del Río hasta el confín de las tierras.
Ante él se arrodillará su adversario, y el polvo morderán sus enemigos.
Los reyes de Tarsis y de las islas le pagarán tributo; los reyes de Arabia y de Etiopía le harán llegar sus cuotas.
Ante él se postrarán todos los reyes, y le servirán todas las naciones.
Pues librará al mendigo que le clama, al pequeño, que de nadie tiene apoyo; él se apiada del débil y del pobre, él salvará la vida de los pobres; de la opresión violenta rescata su vida, y su sangre que es preciosa ante sus ojos.
Que él viva, que le den oro de Arabia, y que sin tregua rueguen por él; lo bendecirán el día entero.
¡Abundancia de trigo habrá en la tierra, que cubrirá la cima de los montes; que abunde en fruto como el Líbano, se multiplicarán como hierba de la tierra!
Que su nombre permanezca para siempre, y perdure por siempre bajo el sol. En él serán benditas todas las razas de la tierra, le desearán felicidad todas las naciones.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, pues sólo él hace maravillas.
Bendito sea por siempre su nombre de gloria, que su gloria llene la tierra entera. ¡Amén, amén!
Aquí terminan las plegarias de David, hijo de Jesé.
domingo, 3 de enero de 2016
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